En la grupa de la memoria, en el silencio del corazón, es cuando buscando en la balice de la vida se acomodan nuestras historias...

domingo, 20 de octubre de 2013

Memórias Perdidas


Meu coração está apertado, sinto uma angústia a cada pancada que ouço dentro do meu ouvido mudo, um eco surdo da vida que ainda pulsa em mim. Neste momento de lúcida lembrança, reconheço agora, neste instante, essa moça que com suas mãos me alimenta. É quando soluço essa dor dentro do peito e tento entender o que aconteceu comigo. As memórias são efêmeras, rasgadas, distantes, como naquele retrato sobre uma mesinha deste lugar onde estou e que só alcanço ver enquanto abro a boca e recebo algum alimento. A foto é antiga e mostra minha família, um espelho partido, perdido. 
Entre uma colherada e outra, ela fala comigo. Movo a cabeça sempre dizendo que sim.
Vejo seus lábios se moverem, mas não consigo compreender. Corro os olhos absorta no tempo/espaço que me pesam nos ombros. Atrás dela está uma janela, avisto flores, arbustos pequenos, um pátio coberto de grama verde.
Decido levantar, então noto que suas filhas também estão ali, parecem que se preocupam comigo. Alcanço o umbral sobre uma varanda. Respiro profundamente a brisa que alimenta minhas narinas de um perfume doce, me trazendo à lembrança uma saudade não sei de quê. Observo os rostos das duas mocinhas, adolescentes ainda, que também me observam e ao serem observadas por mim, sorriem.
A passos lentos volto a sentar-me e ela me sorri um sorriso que me constrange. Então, também sorrio. Novamente, ela fala comigo e volta a servir-me na boca. Não sinto o sabor do que ela me dá, mas continuo a comer. Não preciso mastigar aquilo que mais parece uma papa de criança.
Uma mulher de branco se aproxima e retira o prato. Me diz algo que não distingo. Uma pessoa que me alimentava, agora se levanta e me beija, cochicha algumas palavras em meu ouvido, me abraça com delicadeza e se afasta. Duas meninas também se aproximam e beijam meu rosto delicadamente. Todas saem. A mulher de branco me toma pelo braço, me ajeita em uma cama, me cobre e também se vai. Há um retrato sobre uma mesa, não sei quem aquelas pessoas são, penso que elas devem me conhecer e por isso estão ali. Entendo que devo dormir e fecho os olhos. A porta, ainda entreaberta, deixa entrar uma palavra, que me sacode a alma e me  desperta o coração - "cuida bem da minha mãe " - e então, sinto uma angústia a cada pancada surda que ecoa a vida que ainda pulsa em mim e neste momento de lúcida lembrança, reconheço sua voz...  9/10/2013


Memorias Perdidas

Mi corazón lo siento apretado. A cada latido escucho la angustia adentro de mi oído mudo, un eco sordo de vida que aún pulsa en mí. En este momento de lúcido recuerdo, reconozco ahora, en este instante, esta joven que con sus manos me alimenta. Es cuando sollozo ese dolor dentro de mi pecho e intento entender que fue lo que pasó conmigo. Las memorias son efímeras, rascadas, distantes, como en aquel retrato sobre una mesita en este lugar donde estoy y que apenas alcanzo ver mientras abro la boca y recibo algún alimento. La foto es antigua y enseña mi familia, un espejo partido, perdido.
Entre una cucharada y otra, ella habla conmigo. Muevo la cabeza siempre diciendo que sí. Miro sus labios moviendo, pero no logro comprenderla. Corro los ojos absorta en el tiempo/espacio que me pesan sobre los hombros. Por detrás de ella está una ventana y alcanzo a ver las flores, pequeños arbustos, un pateo cubierto por un verde pasto.
Decido levantarme, noto que sus hijas también están ahí, parecen que se preocupan por mi. Alcanzo el umbral sobre la terraza. Respiro profundamente la brisa que alimenta  las ventanas de mi nariz con un dulce perfume, trayendo a la memoria una nostalgia no sé de qué. Observo los rostros de las dos jovencitas, adolescentes todavía, que también me observan y al ser observadas por mí, me sonríen.
A lentos pasos vuelvo a sentarme. Ella me sonríe una sonrisa que me constriñe y también sonrío. Nuevamente, ella habla conmigo y vuelve a servirme en la boca. No siento el sabor de lo que me da, pero continuo a comer. No necesito masticar aquello que más me parece una papilla.
Una mujer de blanco se acerca y retira mi plato. Dime algo que no distingo. Una persona que me alimentaba ahora se levanta y me besa, susurra algunas palabras en mi oído, me abraza con delicadez y se aleja. Dos niñas que están allí me besan la mejilla delicadamente. Todas salen. La mujer de blanco me toma por el brazo, me acomoda en una cama, me cubre y también se va. Hay un retrato sobre una mesita, no sé quienes son aquellas personas, pienso que deben de conocerme y por eso están allá. Entiendo que debo de dormir y cierro los ojos. La puerta, aún entreabierta, deja pasar una palabra que me sacude el alma y me despierta el corazón - "cuida bien de mi mamá" - y así, siento una angustia a cada latido sordo que ecoa la vida que aún pulsa en mí y en este momento de lucido recuerdo, reconozco su voz...