En la grupa de la memoria, en el silencio del corazón, es cuando buscando en la balice de la vida se acomodan nuestras historias...

viernes, 6 de abril de 2012

Reflejo de mi mirada

Si te hubiera encontrado antes de que te fueras, te habría hecho tantas preguntas! Te haría mi amiga por siempre. Habría sido tus oídos y tus sentimientos, tu alma gemela, tu espejo. Tal vez te envidiase un poco, tal vez me reconocería aún más en ti. Tal vez me hiciera tu confidente y así no me despegaría más de ti. Pero cuando llegué, hacía poco que te habías salido y entendí que ya no regresarías.
Al entrar a tu mundo abrí la puerta de mi propio corazón y encontré en él las llaves que nunca supe donde estaban. Si te miro a los ojos hoy, son por tus memorias colgadas dentro de mi. Me metí en tu cuerpo y tu no te enteraste. ¿O será que fuiste tú que te metiste dentro de mí?
Buceo en el lago que inunda tu cabeza, presiento los anillos ensamblados por las pequeñas piedras que tocan rápidamente la superficie. Las mariposas, las luciérnagas, las cálidas lamparas prendidas, el fuego, la llama, su calor.
También traigo yo una yegua cabalgadora dentro de mi. Ella me lleva a lugares que no los sé, pero los decidí a encontrar. Tú estabas lejos, hasta que no te encontré - como no se encuentran en las tinieblas los amores insólitos con la percepción dilatada por el veneno que se hizo elixir.
Tú que pintaste tu nostalgia y que escuchaste de Da Vinci que la pintura es poesía muda y poesía es pintura ciega, te cegaste del mundo para pintar al tuyo, tan mío, tan nuestro. Tú lo inventaste atravesando la noche con tu yegua negra y salvaje, como un "nightmare". Tú, que hablabas caballo, maravillaste a la gente del norte y del sur, a los blancos y morenos, a los salvajes como tú, a los tímidos e introvertidos, y a todos aquellos que buscaban en ti la libertad de sus sueños. Tú que tuviste siempre la angustia por tu aliada, brindaste la esperanza a todos nosotros que asistimos con los ojos vidriados a tus encantos. Cada trazo tuyo hecho vena del corazón.
Tú, puerta de piedra, casa del miedo, memoria de abajo presintiendo a la muerte en una lenta evaporación, sorpresa por el inesperado, pues nadie enseña a un a morir.
Tus muñecas hechas de tela y emoción, alfombras para tu descanso, mi loca imaginación.
Tú, giganta sin miedo, caminas a largos pasos a comer las calles que alimentan tus sueños.
Ariana, alquimia del fuego y madera. Serpiente, pozo de soledad. Marte, color rojo como de la pasión, de la inteligencia en tu inquietud sincera. "¿Te cortaría la cabeza la reina roja?" preguntaste a Alicia cuando ella te dijo que el artista que se encuentra a sí mismo, está perdido. "No encontrarse nunca es su único logro", te dijo. ¿Cuando fue que te perdiste para que yo nunca te encontrase? Tú que como Juana de Arco se sentía tan espantosamente incomprendida, a menudo quemada en la pira sólo por ser tan diferente a todos los demás, escuchaste el susurro de Alicia: "no quiero caminar entre locos!" - "oh, no puedes hacer nada a respeto, todos aquí somos locos" te respondió su gato. Así, tú empezaste a escribir, pues solo con la palabra tenemos memoria y si hay memoria existimos. Tú te aferraste a eso y escribiste e hiciste poesía ciega, la cual me abrió los ojos y la mente para hacerme tan yegua como tú quisiste ser persona, lo máximo del ser humano. Como un río que fluye viviste tu vida, a la corriente, entre sueños y sus desciframientos, entre un libro y un lenzo, entre la acuarela y los pinceles, sanando heridas con capas de colores. Lo cierto es que tú siempre hiciste magia con todos los colores, hechicera Leonora. Céltica y druida, antigua y lunar. ¿Así eras tú?
Naciste mucho antes de lo que deberías hacerlo y nada te impediste de vivir tu amor sin tiempo, antisocial, amor pasión, alquímico, amor de viento. Tú, la novia del viento, oriundo del norte, relleno de vida.
Tú, que como yo, bebiste este país que no era el tuyo a sorbos como tu té. Te llenaste los cinco sentidos con los aires mexicanos y volaste otros vuelos con otras asas.
Tú, solitaria alma, te pintaste como fantasma para asombrar para siempre a mi yo que encontré en tu espejo encantado y antes de que te fueras me dijiste al soplo del viento: "Si falla la memoria es porque la mente mira hacia adentro, mira hacia la muerte" y te fuiste sin dejarme verte. Cuando abrí tu puerta, ya no estabas...

El piso sobre mi cabeza

Escucho tus pasos, fetiches de seducción, en tacones que clavan el piso. Cierro los ojos y te veo rubia, tu cabello largo, la cintura fina en una falda que te agarra preciosa. ¿Que perfume usas tú? ¿Dulce o cítrico? En el elevador lo inspiro profundamente, sé que es el tuyo.

Llega la noche y te espero entrar. Otra vez ansío por tus pasos a llenar mi soledad.
¿Estas sola hoy? ¿Traes alguien contigo?

La noche pasa y escucho el silencio. Me recojo a dormir.
Escucho las sillas que se arrastran en tu sala, las voces que te hacen compañía. Son muchas esta noche.

Me duermo. Despierto ya alta la madrugada. Suena una música suave. Sé que tu la elegiste. Sé que te gusta, así como me gusta tu perfume. Escucho tus pasos ya descalzos. ¿Tu te quedaste sola? ¿hay alguien contigo? Te quiero tanto que tu también me has de querer.

Me vuelvo a dormir. Otra vez me despierto y tus pies descalzos aún caminan. La canción todavía la escucho.
Me duermo, transpiro, sudo un sueño contigo.
Sospecho que ya viene el alba, pues hace frío, anuncio de la mañana de un otro día, antes de que aparezca el sol.
Entresueño, un sueño y otro. Tu todavía estás despierta. Tu larga noche llena la mía tan vacía.
Suena otra canción, creo que viene de tu habitación. Otros sonidos invaden mi corazón que dispara latiendo en celos, en envidia, en nostalgia de lo que nunca existió. Son tus gemidos entrelazados a otros más fuertes. ¡Hay alguien más contigo! Escucho tu respiración entrecortada con el canto de tu placer y me entrego a mi propio silencio, pues ya no te quiero escuchar ni imaginar cuales son los tacones que hoy te vas a poner.