Escucho tus pasos, fetiches de seducción, en tacones que clavan el piso.
Cierro los ojos y te veo rubia, tu cabello largo, la cintura fina en una falda que te agarra preciosa. ¿Que perfume usas tú? ¿Dulce o cítrico?
En el elevador lo inspiro profundamente, sé que es el tuyo.
Llega la noche y te espero entrar. Otra vez ansío por tus pasos a llenar mi soledad.
¿Estas sola hoy? ¿Traes alguien contigo?
La noche pasa y escucho el silencio.
Me recojo a dormir.
Escucho las sillas que se arrastran en tu sala, las voces que te hacen compañía. Son muchas esta noche.
Me duermo. Despierto ya alta la madrugada. Suena una música suave. Sé que tu la elegiste. Sé que te gusta, así como me gusta tu perfume.
Escucho tus pasos ya descalzos. ¿Tu te quedaste sola? ¿hay alguien contigo?
Te quiero tanto que tu también me has de querer.
Me vuelvo a dormir.
Otra vez me despierto y tus pies descalzos aún caminan. La canción todavía la escucho.
Me duermo, transpiro, sudo un sueño contigo.
Sospecho que ya viene el alba, pues hace frío, anuncio de la mañana de un otro día, antes de que aparezca el sol.
Entresueño, un sueño y otro. Tu todavía estás despierta. Tu larga noche llena la mía tan vacía.
Suena otra canción, creo que viene de tu habitación. Otros sonidos invaden mi corazón que dispara latiendo en celos, en envidia, en nostalgia de lo que nunca existió. Son tus gemidos entrelazados a otros más fuertes. ¡Hay alguien más contigo! Escucho tu respiración entrecortada con el canto de tu placer y me entrego a mi propio silencio, pues ya no te quiero escuchar ni imaginar cuales son los tacones que hoy te vas a poner.

Me hubiera gustado que ese piso estuviera bajo mis pies. Inspirador y creativo de tu parte, Que maravilla despertarse con ese canto de placer.
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