As baforadas quentes do vento, do cheiro da manga rosa, Bourbon, espada.
A babosa fibrosa que escorria melado. Bálsamo gosmento, aloé vera que como a lesma deixava rastros no jardim. Eu os perseguia, como vigia que investiga traços, desenhos na lajota vermelhinha, cacos de ladrilhos, lampejos da memória.
Pisar em formiga, nem pensar. Desviava meus pés, mas não interrompia a trilha numerosa que anunciava mudança; de destino, de endereço, de atitudes, de direção.
Genoveva, minha galinha de estimação, parda assanhada que me acompanhava com seus pequenos olhos o subir a laranjeira do quintal, onde armava a casa de árvore, que só existia em minha imaginação.
Flutuava em sonhos e viagens por céus escondidos, nuvens distantes, pirlimpimpins.
O medo ia embora, cordel encantado das histórias guardadas em baús sem fundo, de onde poderiam sair cobras e lagartos, ursos e coelhos, encantos e maus tratos.
Laranjas azedas, pequenas e manchadas, vendidas em caixas de papelão remontadas.
Borboletas de papel colorido, revistas reutilizadas, também voavam com alegria de viver.
Cascatas de chuvas que brotavam nas sarjetas, onde refestelavam em rodopios as gargalhadas.
Negrinho da noite, betz, e pega-pega. Patinete, bicicleta e guerra de mamonas. Bolinhas verdes que pintavam de vermelho a pele e a carne de dor.
Memórias sacudidas, sem medida. Lembranças felizes de um mundo distante, sem fim.
Saudades de mim.
Niñez Distante
Las flores que llenaban mis narices de sabores y encantos. Semillas de mi niñez.
Las inhalaciones calientes del viento, del aroma del mango rosa, Bourbon, espada.
El maguey fibroso que escurría melado. Bálsamo pegajoso, aloe vera que como la babosa dejaba rastros en el jardín. Yo los perseguía, como vigia que investiga trazos, dibujos en el azulejo rojillo, fragmentos de ladrillos, parpadeos de la memoria.
Pisar en hormiga, ni pensar. Desviaba mis pies, pero no interrumpía el camino numeroso que anunciaba mudanza: de destino, de dirección, de actitudes.
Genoveva, mi mascota gallina, marrón coqueta que me acompañaba con sus pequeños ojos el subir a la naranjera del fondo de la casa, donde armaba la casa de árbol, que solo existía en mi imaginación.
Fluctuaba en sueños y viajes por cielos escondidos, nubes distantes, pirlimpimpins.
El miedo se iba, cordel encantado de las historias guardadas en baúles sin fondo, de donde podrían salir víboras y lagartos, osos y conejos, encantos y malos tratos.
Naranjas ácidas, pequeñas y manchadas, vendidas en cajas de papel cartón remontadas.
Mariposas de papel de color, revistas reutilizadas, también volaban con alegría de vivir.
Cascadas de lluvias que brotaban en las aceras, donde refistoleaban en giros las carcajadas.
Negrito de la noche, betz, y las traes. Patines, bicicleta y guerra de mamonas. Bolitas verdes que pintaban de rojo la piel y la carne de dolor.
Memorias sacudidas, sin medida. Recuerdos felices de un mundo distante, sin fin.
Saudades de mí.

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