Então respondi que também gostava de você, mas que mal te conhecia e que era cedo para que me enamorasse ou fosse tua namorada.
Aceitei um refresco de limão, ácido como a dúvida no estômago, como a incerteza do que aconteceria depois. Você quis pagá-lo e eu resisti. Não estou acostumada a ser namorada.
Aceitei também suas rosas com vontade de guardá-las para sempre na memória de um livro fechado, que as secaria, roubando-lhes a vida, mas oferecendo ao futuro uma de minhas melhores recordações.
De noite, em meu quarto de menina, com espelhos e muitas cores, sossego o coração emocionado em doces sonhos.
El primer amor
Me trajiste un par de rosas rojas como la sangre o el amor, como la gorra de Caperucita, o como el sol en un día de furia caliente. Me dijiste que te gustaba y que te enamoraras de mi en algún instante cualquiera, en algún lugar donde ya nos habíamos encontrado antes. En mi fragilidad infantil me sorprendí nerviosa, ansiosa y un poco mareada, no de aquel mareo que parece que falta el piso, pero el mareo que nos lleva a hacer cosas que no haríamos, a decir lo que jamás diríamos, a tener varios brazos, varias piernas, varias manos y pies.
Entonces te respondí que a mi también me gustabas, pero que a penas te conocía y que era temprano para que me enamorara o fuese tu novia.
Acepté un refresco de limón, ácido como la duda en el estómago, como la incertidumbre de lo que sucedería después. Tú quisieras pagarlo, pero resistí. No estoy acostumbrada a ser novia.
Acepté también sus rosas con ganas de guardarlas para siempre en la memoria de un libro cerrado, que las secaria, robándoles la vida, pero ofreciéndo al futuro uno de mis mejores recuerdos.
En la noche, en mi cuarto de niña, con espejos y muchos colores, asosiego el corazón emocionado en dulces sueños.

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