Supervivencia
Estaba seca como la tierra sin lluvia. Sus ramas se estiraban para alcanzar el vacío del aire. Solitaria, en el paisaje desierto, ya teñidos de amarillo color de paja, sufría sus apuros, incansable. Respiraba la codicia del espacio impávido, indiferente, e insistentemente volvía al intento. El río que corría a muchos metros a lo lejos, le provocaba la sed, ahora ya insaciable. Resistía, aterrada al suelo, sin poder mover ninguna raíz, que creciendo y chasqueando sus propios nudos, buscaba la última sábana olvidada por la naturaleza ya casi muerta. Pero en su sorprendente lucha por vivir, brotaban blancas, albas, lívidas y soberanas como manos espalmadas, sus flores - recompensa de la vida, de la superación, su propia existencia agotada, pero jamás desistida.

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